20250316 Limpieza de accesos a caleros

Gracias a Jon Pagoaga hemos inventariado en nuestra zona hasta 10 caleros también llamados hornos de cal. De esos 10 caleros tres están en la zona del río Pedreo. Y ha sido precisamente en esos tres caleros en los que hemos trabajado en la limpieza de los accesos a los mismos, ya que esos accesos estaban un poco complicados. Una limpieza poco invasiva y respetuosa con el entorno, con conocimiento del guarda forestal y del Ayuntamiento.

CALEROS – HORNOS DE CAL.
¿Qué eran?
Los hornos de cal eran estructuras utilizadas para calcinar la piedra caliza, tan abundante en nuestro valle, sobre todo en la zona del monte Alén.

¿Cuál era su objetivo?
Producir cal viva, oxido de calcio, calentando a altas temperaturas (proceso de calcinación) la piedra caliza (carbonato de calcio). A este proceso se le conoce con el nombre de calcinación y ha sido utilizado desde la antigüedad en la construcción, agricultura, industria química y otros sectores.
Hay otra corriente de opinión que dice que también se utilizaban para reducir el mineral de hierro que se extraía en nuestra zona. La reducción del mineral de hierro consistía en separar el hierro de componentes no deseados como fósforo, azufre o manganeso.
¿Cómo es el proceso de calcinación?
La materia prima como ya hemos comentado es la piedra caliza (carbonato cálcico) que se introduce en el horno o calero.
La piedra caliza se calienta a temperaturas entre 900 y 1200 º C.
A estas temperaturas el carbonato de calcio se descompone en oxido calcio (cal viva) y en dióxido de carbono (CO2).
La cal viva se extrae y se enfría para su posterior uso.
Se usan diferentes tipos de hornos, en nuestra zona se utilizaban los hornos de pozo que eran estructuras verticales donde la piedra caliza y el combustible (leña o carbón) se colocaban en capas alternas. Eran pozos de unos 4 metros de profundidad por 3 de diámetro, con sus paredes recubiertas de arcilla para evitar la pérdida de temperatura. Desde el interior de la estructura se iban disponiendo de manera ordenada y minuciosa y por tamaños las piedras calizas previamente troceadas, hasta formar una bóveda exterior. En el centro quedaba el espacio necesario para instalar la leña que se prendería fuego para quemar la piedra. Por medio de un hueco en la base del horno, el calero iba avivando el fuego sin dejar que se apagase durante todo el tiempo que duraba el proceso de cocción.
La lluvia podía arruinar todo el proceso, motivo por el que se elegían días de verano tranquilos y sin riesgo de precipitación para preparar y encender el horno. Durante las primeras horas de cocción, las piedras de cal iban desprendiendo su humedad, originando un humo blanco. A medida que la piedra se quemaba, el humo tornaba a un color más oscuro. Durante tres días y dos noches el horno permanecía encendido, continuamente alimentado con leña para evitar su enfriamiento. De cuando en cuando se extraía la ceniza de la leña quemada para dejar espacio a la nueva. El tercer día se dejaba de meter leña al horno, tapando la abertura casi completamente y permitiendo así que de fuera apagando lentamente, pero con el suficiente tiro para terminar la combustión.
La tarea no terminaba aquí, el horno permanecía enfriándose durante una semana. Transcurrida la misma, si la piedra se había cocido correctamente, lo normal es que la bóveda exterior se hundiera, producto de la conversión en cal de la piedra, ya carente de consistencia, lo que constituía una buena señal.
Enfriado el horno se empezaban a desmontar las piezas de piedra cocida, comenzando por arriba. El aspecto de la piedra resultante era quebradizo y ligero, tras su transformación en una piedra porosa y blanda que se desmoronaba con facilidad. La piedra caliza se había convertido en cal.
Lo habitual es que no todas las piedras se hubieran cocido perfectamente, por eso el calero efectuaba una selección desechando las piedras mal cocidas. El aprovechamiento obtenido solía rondar el 60% de la piedra empleada. Una vez que la piedra quemada era machacada y molida se obtenía el producto final, la cal viva.


¿Para qué se usaba la cal?
En la construcción como aglomerante en morteros y yesos. Para pintar y enlucir las paredes exteriores de la casa, refrescando el interior de las viviendas al reflejar la luz del sol. Por su poder cáustico sirvió como desinfectante, tanto en las paredes de las viviendas, como en los enterramientos de animales muertos y de los seres humanos victimas de epidemias y guerras.


En la agricultura para corregir la acidez del suelo. También se usaba para pintar los troncos de los árboles frutales para evitar la proliferación de plagas.

En la industria química en la producción de cemento, vidrio y productos químicos.
En el tratamiento de las aguas para ajustar el PH y eliminar impurezas.
¿Qué inconvenientes presenta el proceso de calcinación?
El proceso de calcinación libera dióxido de carbono (CO2), un gas de efecto invernadero.
¿Cuándo se abandonan los procesos de calcinación?
La cal viva se ha usado desde la más remota antigüedad. En 1824 se produjo una auténtica revolución al presentarse el cemento como nueva y eficaz sustancia conglomerante en la construcción. No obstante, se cree que en nuestra zona se siguió utilizando después de 1824.
En breve organizaremos una salida para visitar esos caleros.